El Descubrimiento Del Alma
20 Enero
12 de Octubre de 1492. Un hombre llamado Cristóbal Colón llegó a tierra firme, después de un extenso viaje mirando solamente el océano, y la cosa era ¿Qué había encontrado el señor Colón con su gente ese día? Ya lo dije tierra firme!!! Pero hoy esa tierra firme es "El Continente Americano"
¿Qué tal? Ahora con el paso de los años ese descubrimiento tan significativo vino a ser una moderna civilización de grandes urbes con millones y millones de personas.
Bien pues después de que Dios nos hiciera a las personas con un espíritu, un alma y un cuerpo, sabríamos entonces ¿Quién hizo ese descubrimiento?
Es decir nosotros los mortales dependemos completamente del aliento de vida que nos da Dios, y cuando parte de lo que es vivir se muestra, cómo son los sentimientos y las emociones del hombre, tanto malas como buenas salen a relucir, se descubrió que éstos se hallan en el alma, puesto que hay muchos cambios en ella misma, y aún más que todo ella misma necesita la fuerza que nos guía a todos a una búsqueda intensa de Dios y Su Palabra.
Por eso David le hablaba a su propia alma, y le decía: Bendice alma mi a JEHOVA y Bendiga todo mi ser Su Santo Nombre, Bendice alma mi a JEHOVA y no olvides ninguno de Sus Beneficios (Salmos 103:1,2)
Así que le invito mi hermano a que juntos descubramos las formas como nuestra alma responde, aún cuando mis emociones no son favorables, pero mi cuerpo (que es otra parte de mi) Obedece al Señor.
Y también que Usted y yo unidos, re descubramos la Grandeza y el Poder Absoluto del Dios de Nuestras Almas.
Ahora digamos todos: ¿YA LO CAPTASTE BIEN ALMA MÍA?
3 Vivo yo, dice Jehová el Señor, que nunca más tendréis por qué usar este refrán en Israel.
4 He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.
Ezequiel 18:3,4
Bendice, alma mía, a Jehová. Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido; Te has vestido de gloria y de magnificencia.
Salmos 104:1
Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor; No hay para mí bien fuera de ti.
Salmos 16:2
¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.
Salmos 43:5
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